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Eleonore Koch

Eleonore Koch

Casi concreto

Exposición

-> 6 febrero 2024 – 23 marzo 2024

Travesía Cuatro presenta la exposición Casi concreto de Eleonore Koch, curada por Cristiano Raimondi

Casi concreto es el segundo capítulo de la muestra en torno a la obra de Eleonore Koch presentada por Travesía Cuatro en la Fundación Fernando de Castro, Madrid, en marzo de 2023.

Eleonore Koch nació en 1926 en Berlín. Diez años más tarde, se trasladó a Brasil y se instaló en São Paulo acompañada por su madre, la psicoanalista Adelheid Koch, su padre, el abogado Ernest Koch, y Esther, su hermana. En 1943, apoyada por sus padres, Koch se matriculó en clases de dibujo con la pintora informalista rumano- brasileña Yolanda Mohalyi (1909-1978) y en clases de escultura con Elisabeth Nobiling (1902-1975). Seis años más tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, viajó a París para continuar sus estudios de escultura con Robert Coutin (1891-1965) y de pintura con el artista húngaro Árpád Szenes (1897-1985), que también había vivído en Brasil. Vivió en París hasta 1952, donde conoció a artistas brasileños afines al concretismo, como Geraldo de Barros (1923-1998) y Lygia Clark (1920-1988), que también estudió pintura con Szenes.

Tras regresar a Brasil, Eleonore Koch se centró en la pintura de espacios interiores y bodegones. Durante ese periodo, no pudo vivir de la venta de sus cuadros y trabajó, entre otras ocupaciones, como ayudante de escenografía en obras de teatro y en una cadena de televisión local. En 1953, a Lore Koch le sucedieron dos hechos importantes: conoció al psicoanalista, coleccionista y crítico de arte Theon Spanudis (1915-1986), que se convirtió en mecenas de su obra y, gracias a su ayuda, consiguió ser alumna de Alfredo Volpi (1896-1988) durante tres años, con quien descubrió la técnica de la témpera. Siguiendo a Volpi en su taller, Lore Koch aprendió también lo que él consideraba la tarea básica del pintor: “resolver el lienzo”. En el taller de Volpi, Eleonore Koch también se acercó a la vanguardia concretista brasileña, para la que Volpi era una figura central. Sin embargo, Koch insistió en trabajar en el arte figurativo en un periodo en el que la abstracción geométrica, de algún modo, predominaba en Brasil. En cualquier caso, sus obras se hacen eco de la referencia a la vanguardia concretista brasileña: la relación entre figura y fondo, y la rigurosa estructuración de la línea, normalmente horizontal. La propia artista declaró en una entrevista que “aunque no puedo renunciar al objeto en mi pintura y, por tanto, no formo parte del movimiento del arte concretista propiamente dicho, puedo decir que los problemas planteados por este movimiento y las obras que de él se derivan me fascinan enormemente”.

Los lienzos de Lore Koch son el riguroso resultado de un largo y meditado proceso de trabajo que ha seguido a través de diferentes ejercicios. Los dibujos al carboncillo de espacios interiores y bodegones ponen a prueba la perspectiva, en la que coexisten planos frontales, diagonales y verticales. Son estudios preparatorios para los cuadros, que ya muestran el aislamiento de los objetos y los grandes espacios vacíos. En los lienzos, Koch añade un colorido que dota a los espacios interiores de una atmósfera melancólica y psicológica que los hace densos y austeros, pero no confesionales ni sentimentalistas. Además expresividad del color, la artista exploró la densidad material del pigmento conseguida mediante la técnica de la témpera. Durante la década de 1960, aunque siguió pintando bodegones y espacios interiores, se abrió a los paisajes, donde empezaron a aparecer los primeros elementos arquitectónicos aislados, como los arcos.

En 1968, Koch recibió una oferta para trabajar en la Redmark Gallery de Londres. Allí comenzó la serie de cuadros dedicada a los parques, que comenzó con Regent’s Park, en el que Koch utiliza la fotografía para probar perspectivas y aislar detalles ornamentales. En estos jardines, lo que le llama la atención son los ornamentos: ánforas sobre bases, arcos, estatuas y columnas. Estos elementos se trabajan posteriormente en dibujos al carboncillo sobre papel en los que la artista sintetiza los objetos y simplifica los planos. Los paisajes, a veces escenográficos y teatrales, muestran una observación resumida del mundo exterior que depura sus elementos mediante un método racional. Sin embargo, no se trata de un espacio pictórico racionalista, pues Koch atribuye una atmósfera psicológica que emana del meticuloso colorido. Además, estos paisajes recuerdan la atmósfera de películas como El año pasado en Marienbad. Al principio de su carrera, Koch fue ayudante de escenografía, además de guardar, desde 1948 hasta el final de su vida, carpetas de películas con recortes y notas sobre las películas que veía, entre ellas, la mencionada de Alain Resnais.

A lo largo de sus viajes, Koch siguió produciendo pinturas de espacios interiores, bodegones y paisajes que muestran la continua profundización de su investigación artística. Las obras seleccionadas que se presentan en esta exposición abarcan las distintas fases de la carrera artística de Eleonore Koch, desde los años sesenta hasta mediados de los noventa. Los diversos métodos que utiliza para resolver la composición en sus lienzos, reflejan un trabajo racional meticuloso y disciplinado. Koch ha declarado que “aunque es esencial conservar ciertos elementos de la mirada, al mismo tiempo quiero alterarla”. Sus obras exigen que nos detengamos en ellas para captar la densa estructuración espacial que se realiza con pocos y sencillos elementos, sugiriendo innumerables relaciones formales y cromáticas entre ellos, al tiempo que están envueltas en una atmósfera emocional austera y melancólica.

— Cristiano Raimondi, curador.