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Iván Krassoievitch

Iván Krassoievitch

Filosofía y letras

Exposición

-> 1 julio 2023 – 1 octubre 2023

Iván Krassoievitch nos entrega once cartas-objeto hechas específicamente para el Museo. Son cartas que no esperan respuesta del receptor, pero que necesitan ser “escritas” y “enviadas” para transmitir un mensaje a un destinatario ausente. También buscan canalizar algunos episodios significativos que ayudaron al artista a entretejer vínculos profundos con esta región. “Filosofía y Letras” es un paisaje epistolar formado por esculturas cinéticas que, durante tres meses, responderán a las condiciones del clima en éste, nuestro propio paisaje pedregoso y que, posiblemente, estén condenadas a un destino fatal: el deterioro por fotooxidación.

Iván -quien pronto se convertirá en papá- honra a las personas y momentos ligados al Anahuacalli, desde que era adolescente en los 90 y venía a visitar a su mejor amigo -y a su perro Jethro- al número 51 de la calle Museo, o cuando entraba a la pulquería “Las flores de mayo” aquí en San Pablo Tepetlapa para echarse unos curados de piña y comer tortillas con salsa molcajeteada. Hace unos meses lo volvió a hacer, ahora de la mano de María -embarazada ya de Milena- y, juntos, recorrieron estos pasillos.

De inicio, la idea para las cartas surgió de la admiración que Iván siente por uno de los personajes más relevantes para el Anahuacalli: Eulalia Guzmán. Reconocida intelectual, pedagoga y feminista, amiga cercana de Diego Rivera y una fuente inagotable de información para él, Eulalia se entregó totalmente a expandir el conocimiento de la arqueología mexicana durante una buena parte del siglo XX. Filosofía y Letras fue la facultad donde Eulalia cursó el posgrado en Historia y donde, en 1932, redactó la hermosa y acertada tesis Caracteres esenciales del arte prehispánico de México. Su sentido fundamental.

La carta que Iván le dedica a Eulalia cuelga dentro de la Bodega de Colecciones, donde precisamente se resguarda la increíble biblioteca especializada que ella donó al Anahuacalli en los 80. En su tesis, Eulalia afirma que los elementos claves para la apreciación del arte prehispánico son la greca y la danza. Para la antropóloga, la esencia del arte mesoamericano radica en la repetición y la alternancia de elementos acentuados y no acentuados que generan un ritmo, así como en la estilización de la naturaleza, presente en textiles, arquitectura, cerámica e, incluso, códices. En ellos se observa una disposición equidistante de dibujos y signos, y una sucesión de deidades en franjas y círculos, muchas veces con simetría axial que genera cadencia y movimiento en la lectura. Para Eulalia el ritmo unificado colectivamente no solo tiene una función estética, sino religiosa y mágica.

Iván se basa en estos conceptos para “escribir” sus “cartas”. Con cada uno de los destinatarios en mente, ensarta, una por una, cuentas y chaquiras como si fueran palabras. Un movimiento sugiere el siguiente y da como resultado un “encadenamiento de sugerencias”, como hubiera dicho Eulalia, una sucesión que insinúa preguntas, agradecimientos, confesiones.

“Filosofía y letras” es también un referente para todos aquellos que disfrutamos de reunirnos, tirarnos en el pasto y contemplar las nubes desde otras perspectivas, con otras energías. Durante décadas, “las islas” de CU y “Filos” han sido los lugares más cercanos a esa utopía interdisciplinaria de convergencia que Diego deseó para éste, su Museo de Arte en Acción, el Anahuacalli. Su objetivo fue crear un lugar de comunión donde artistas, filósofos y curiosos divagarían sobre cómo mejorar la vida del ser humano.

Las cartas-esculturas de Krassoievitch tienen una estructura –destinatario, cuerpo, despedida y firma–, y acompañan el espacio creado recientemente por el arquitecto Mauricio Rocha. También a él Iván le dirige una carta en la que reflexiona sobre el espacio negativo y el vacío.

La correspondencia suspendida en los edificios nuevos rompe con las preconcepciones que tenemos arraigadas desde pequeños sobre cómo estar y qué ver en un museo. Iván nos invita a tomar un momento para ver el aire, oler las sombras de los árboles y sentir los reflejos de luz a través de estos plexiglases y alambres colorados donde nos gusta pensar que se manifiesta el espíritu “rojillo” de Rivera.

Estas piezas dependen totalmente del contexto, de la arquitectura en la que están inmersas y del espectador. Son lentes prismáticos que convierten nuestros pasillos en plataformas de observación, sky decks que nos convidan a hacer una pausa y ver nuestro entorno con ojos nuevos.

— Karla Niño De Rivera

*Beneficiario del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SAPC), México.