Entrevista
Publicado el 30 abr 2022

Guardar los rojos. Entrevista con Cosa Rapozo

La artista abre las puertas de su estudio durante la Feria Material
Entrevista
por Mariel Vela
La artista abre las puertas de su estudio durante la Feria Material

Para su octava edición, la Feria Material cambia de sede. Sabino 369 abrirá sus puertas para recibir a artistas y galerías de distintas partes del mundo. La nueva ubicación distingue a Santa María la Ribera, San Rafael y Atlampa como colonias que por sus innumerables estudios y organizaciones culturales resultan elementales para la escena artística de la Ciudad de México.

Como parte del programa Invited de la feria, Mariel Vela visitó y entrevistó a dos artistas que trabajan en la zona: Cosa Rapozo (Guanajuato, 1987) y Benjamín Torres (Ciudad de México, 1969), quien presenta nuevas piezas en el booth de Pequod Co.

Cosa Rapozo me guía hacia el fondo de un espacio compartido; antes de llegar a su estudio me va indicando esto es de Enrique, esto es de Hernán. Presiento una complicidad entre lxs tres que me es ajena y de la cual por un instante quiero formar parte: si ustedes me cuentan sus secretos, yo les cuento los míos. El pudor es una sensación que mueve a no hablar con otras personas sobre ciertos sentimientos, pensamientos o actos que se consideran íntimos. Al transcribir el audio de esta entrevista, noto los primeros segundos donde quedan registradas las risas nerviosas entre ella y yo, dos desconocidas dispuestas a hablar de sus cosas.

Mariel Vela. Recuerdo que al leer el texto de sala de la exposición La vergüenza vino después en Galería Libertad mencionaste la sección “Trágame tierra” de la revista adolescente , que en los años noventa publicaba relatos vergonzosos que las propias lectoras mandaban al equipo de redacción de la revista. Me gusta cómo retomas la anécdota de la vergüenza como fuerza literaria, discursiva y sensible. ¿Cuándo piensas que llegó la vergüenza a tu vida?

Cosa Rapozo. Creo que empecé a explorar esto como algo consciente durante la pandemia porque de repente sentía una necesidad de salir y no necesariamente del espacio físico que habitaba como todos durante el aislamiento forzado. Mas bien sentía que habían experiencias de mi pasado que necesitaban salir hacia lo pronunciable. Este encierro que ya tenía dentro y que estaba ocurriendo desde siempre se volvió evidente cuando hubo un paralelo con el encierro físico. De ahí proviene la reflexión, pero también todo esto surge de una curiosidad por saber si la vergüenza era aprendida o si era sólo una reacción fisiológica. Siempre están esos dos campos tratando de mediar una reacción inmediata que tú como persona social tienes frente a una situación. Se puede pensar en una vergüenza aprendida porque tú sabes que frente a otra figura te ves avergonzada. Si pasa lo mismo y no está otra figura frente a ti, ¿te avergüenzas igual?

MV. Pienso en el tiempo interior replegado en mí, en cómo vuelvo todo el tiempo a las experiencias infantiles o adolescentes para intentar dar con el momento en que algo se abrió en mí por primera vez. Es difícil rastrear un recuerdo que guarde el origen de la vergüenza o del deseo. Hablamos sobre la importancia de hacer cotejos entre la sensibilidad propia y las sensibilidades ajenas, una práctica que no cesa desde nuestras llegadas a la Ciudad de México, la suya desde Dolores, la mía desde Tampico. También recuerdo la llegada de María Luisa Puga desde Acapulco: “El silencio interno que se le formaba a uno ante la conciencia de ver, de estar siendo visto, de ser al mismo tiempo que los demás”*1.

CR. Es extraño. ¿Cómo responder a cosas que en tu adolescencia no pudiste resolver porque no había herramientas? Yo nací en un pueblo llamado Dolores, Hidalgo. Hay una cosa impuesta allí de la que no te das cuenta hasta que sales. No tengo mucho tiempo viviendo en la Ciudad de México, un poco más de un año y medio. La realidad de un contexto plural o de un contexto que se autonombra plural y cosmopolita está a años luz de lo que se puede estar viviendo en este mismo momento en un pueblo como en el que yo crecí, entonces todavía me siento con una línea cronológica un poco desfasada. Quiero dar chance a todo eso que no pudo salir de una manera orgánica y estirarlo desde las cosas que yo hago. Pero es muy raro de repente regresar… Ver, tratar de verte con ojos ajenos, ¿cómo me ven a mí? Porque la manera en cómo me ven me construye y sobre todo construye la visualidad de lo que hago.

Al fondo de su estudio veo las tres narrativas presentadas en rollos de tela como parte del proyecto NUEVA SUCURSAL: “Tus ojos sobre mí: shame on me”, “Vestir la vergüenza” e “Instante de la susceptibilidad y el trance. Las princesas de Disney se encuentran en estados afligidos y vulnerables. Me doy cuenta de que Cosa realiza una arqueología de los gestos que dan cuerpo a esa sensación de ser mirados cuando no queremos necesariamente que nos miren; rastrea su repetición.

Cosa Rapozo, Tus ojos sobre mí Shame on me, 2021. Cortesía de la artista
Cosa Rapozo, Tus ojos sobre mí Shame on me, 2021. Cortesía de la artista

CR. ¿Qué vino primero, la representación de la vergüenza o la reacción de la vergüenza? ¿Cómo representar el sonrojamiento? Las rayitas y el rojo del anime, por ejemplo. El cuerpo quiere proyectar eso que tratas de invalidar o de reprimir y en esa represión hay salidas inevitables. A partir de esa figura avergonzada, pensaba en el punto relacional de dos figuras. Por ejemplo: los celos. La performática de los celos es una que ya está dada. A veces es difícil tratar de separar esos guiones interiores de tu mecanismo cotidiano.

MV. ¿Hay algo en mi cuerpo que acciona una reacción química o es algo aprendido? ¿Tal vez es una combinación de las dos cosas? Recuerdo que una vez en el kinder iba pasando el niño que me gustaba y me eché en el pasto, intentando recrear en mi cuerpo a todas las princesas desvanecidas que había visto en las películas; una belleza implícita e intuida en esas representaciones de vulnerabilidad femenina. Te posee la imagen y actúas el teatro de emociones, activas esos guiones interiores de los que hablas.

CR. ¡Claro, hay una incitación! Solicitas que se ponga en juego esa secuencia, esa escena a partir de los gestos que replicas. Una lo entiende muy pronto.

Cosa Rapozo, ¿Servirá hundir mi cabeza en agua?, 2021. Cortesía de la artista
Cosa Rapozo, ¿Servirá hundir mi cabeza en agua?, 2021. Cortesía de la artista

Comenzamos a platicar sobre su amor por las fuentes; fuentes literarias, fuentes metafóricas, fuentes de las cuales brota mezcal en vez de agua, también esa expresión de ir a la fuente, a saciarse, a buscar una juventud perdida. Enrojecer de vergüenza es quemarse por dentro. ¿Servirá hundir la cabeza en el agua?*2 En una página de internet donde hallé el poema “Vergüenza” de Gabriela Mistral, bajé a leer comentarios de los usuarios y había uno que decía: [...] sobre lo de la cara roja, me refiero al momento, muy caliente y muy bonito. Hablamos de Berta García Faet, sobre los momentos rojos, adolescentes:

me gustaría meter a todos los chicos
que he besado
desde el año 1999
en una misma habitación
y volver a besar a todos los chicos
que quiero volver a besar
y besar en la mejilla (o tal vez en la frente)
a aquellos a quienes ya no amo
y decirles a los chicos cuyo nombre no recuerdo
hola chico cómo te llamas?
y decirles a los chicos cuyo nombre no he olvidado
no he olvidado tu nombre, en serio, no he olvidado
tu nombre
[...]
no decir nada durante 3 o 4 minutos
y que se extrañen un poco
de que no diga nada
y decir luego muy tenuemente, en el momento justo,
que empiece la fiesta
me gustaría que se lo pasaran muy bien
bebiendo ponche-cliché y comiendo emparedados-cliché
[y bailando*3

CR. Cuando leí este poema de Berta García Faet me llamó mucho la atención que tiene que ver con encerrar, con guardar, con ocultar. Minutos en el cielo (2019), la pieza inspirada en parte por este poema, es una combinación de nostalgia de una época y de una juventud enardecida, deseosa de que sucedan cosas. Cuando leí este poema lo leí con un amigo y los dos estábamos muy interesados en explorar y perdernos en ensoñaciones. Con esa pieza hubo la posibilidad de insertar un performance, una acción de incitación hacia la gente que asistió al evento. Ligamos la fuente de mezcal, que estaba afuera, con un cuarto oscuro llamado “Minutos en el cielo”. En ese momento había una necesidad o un interés por volver a gestos del pasado, actitudes que ya no se tienen para potenciar el cotidiano a partir de la ensoñación. De eso fue. Yo todavía pienso mucho en ese poema. Puedes llegarte a conocer a partir de encerrar cosas dentro de ti, guardando objetos o sensaciones que después llegan a salir. Es una forma de conocerse y desconocerse a una misma a través del tiempo.

Mariel Vela

Cosa Rapozo, Registro de la instalación Minutos en el cielo, 2019. Cortesía de la artista
Cosa Rapozo, Registro de la instalación Minutos en el cielo, 2019. Cortesía de la artista

*1: María Luisa Puga. La Forma Del Silencio. Ciudad de México: Grupo editorial Siglo veintiuno, 1987. p. 60.

*2: Texto de sala para la exposición La vergüenza vino después (2021) de Cosa Rapozo en Galería Libertad, Querétaro.

*3: Berta García Faet. Me gustaría meter a todos los chicos que he besado desde el año 1999 en una misma habitación en Identikit, Muestra de poesía española reciente. Madrid, 2016. pp. 146 - 153.

Publicado el 30 abr 2022