Plática

Hangout | Jerónimo Rüedi

Plática

14 oct – 14 oct

Galería Karen Huber
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Avenida Bucareli 120, Planta alta
Juárez
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cerrado hoy
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Galería Karen Huber presenta el Hangout en el marco de la exposición Dibujar los contornos del fuego de Jerónimo Rüedi. Será un plática entre el artista y Sandra Sánchez, quien escribió el texto de la exposición.

Presencial RSVP (aforo muy limitado), y a través de Instagram Live @khgaleria

Antesala

Quizá la tradición de análisis iconográficos centrados sólo en las formas, en los motivos y en lostemas nos ha hecho creer que una pintura es un objeto: una unidad. Como si la suma de las partesdiera el todo. La confusión de su supuesto carácter singular también es efecto de pensarla comoun objeto tensado por un bastidor: tomas entre las manos toda la pintura, no un color, un gestoo un ritmo. ¡Pero, no! Una pintura nunca es sólo un asunto, una descripción o una mercancía.Decir pintura es decir no-todo, enigma, zona de indeterminación, enunciación sin enunciado fijo,contorno y no siempre forma o figura. El sustantivo es, más bien, poroso y contiene a lo múltiple. Lo que pasa ahí adentro se vincula con lo que nos ocurre afuera: en el recorrido se constituye tantola pintura como un lapso de realidad.

Drawing the boundaries of a fire

Jerónimo Rüedi presenta una decena de pinturas que abren con un filo sutil el lenguaje, convocandoal cuerpo y desbordando al pensamiento. Vayamos por partes, que para ver los flujos bastaría conmirar las pinturas. En términos de lenguaje, cada una presenta una enunciación clara y premeditada que hace vibrartanto a la forma como a la palabra cuando el trazo pictórico recorre el lienzo sin complacer a launa o a la otra. Intuimos signos lingüísticos y visuales, pero no están ahí. Lo que el artista ofrece esun sistema estropeado –en relación con la tradición de la retícula moderna, la neurosis obsesiva yla composición yoica– con funciones inconclusas que operan una crítica tanto a la palabra comoa la forma. Las pinturas no complacen a los espectadores con argumentos racionales ni narrativas ópticasbiempensantes –con su claridad lógica y su forma definida–, sino que abren la posibilidadde transmitir un sentido que se actualiza con cada mirada / lectura, es decir, que termina decompletarse con los referentes imaginarios de los espectadores. Si bien esta característica estápresente en el acto mismo de observación, en las pinturas, Rüedi interrumpe cualquier conclusióno comprobación de hipótesis mediante la abstracción, haciendo del signo/formaun imposibleentérminos de significado. No hay ícono ni símbolo, sino trazo que en su indeterminación abandona eldeseo de dominar para ofrecerse como un camino compartido y siempre errante: cuando alguiendice ¡ya sé que es eso!, eso se convierte en otra cosa. Entonces, ¿qué es lo que reconocemos? Meatrevería a decir que el encuentro mismo: el uno al lado del otro que en su relación produce tantoun intermedio como una escena.

El cuerpo

Para romper con la figura del pintor como un ente solitario que inventa lo nuevo desde la soledadde su taller, con poco interés en el mundo, me gustaría compartir que entre muchas prácticas de Rüedi, la repetición –asociada al ritual personal– es importante. Esta repetición está integrada porun cuerpo que experimenta la meditación: hay cosas que se mueven y salen, para que otras entren. Este flujo de desprendimiento es importante en tanto tiene un correlato en la producción pictórica. Rüedi renuncia a componer: no quiere formar una imagen o endeudarse con una herencia lejana. Laregla autoimpuesta consiste en dejar de pintar cuando el pensamiento llega y obnubila el trazo. Si lacomposición aparece, no es como ampliación y perfeccionamiento de un boceto, sino como efecto de la práctica de repetición en la que su cuerpo se confronta a la pintura para dejar pasar, salir y entrar. La consecuencia es un cúmulo de trabajo en el que el ritmo del cuerpo se antepone a la planeacióndel ojo. Dicho de otra forma, de los poros brotan pupilas para que los ojos se cierren y la piel pintesignificantes sin significados: concatenaciones, mapas y conjuros. Conjuro en el sentido de alejar algoal tiempo que se acerca otra cosa: dejar pasar y detener. Un pintor que, a ratos, cierra los ojos porqueconfía en el cuerpo. El ensayo pictocoreográfico, accesible a nosotros mediante el lienzo, nunca llega al mismo puerto, no hay fórmula ni eficacia; podemos constatarlo en las diferencias entre cada cuadro. Aunque elritual es premeditado, sus huellas son espontáneas y dinámicas. El reto es detenerse ante la tentaciónde componer y hacer una forma. Inmiscuirse con la potencia del no-hacer –preferiría no hacerlo–permite que las pinturas exhiban sus elementos y espacios desde una apuesta más cercana al tarot, a la adivinación y al movimiento, que a una burocracia de las formas, en donde el orden equivale aprestigio y la técnica a control.

El pensamiento

La tentación de mirar las pinturas como si fueran un ensayo... La razón quiere ordenar, producirentendimiento de las capas de pintura lijadas y trazadas con paciencia, de las veladuras que atenúanun signo fantasmal que insiste ante un ojo que se rinde al placer de lo no-nítido. En el conjunto, buscala norma y la estandarización. Quiere saber algo, comunicarlo, hacer del argumento un poder.

Desde el nacimiento de la esfera pública a finales del S.XVIII, el argumento racional es el encargadode otorgar la ilusión de igualdad y de sujeto. Rüedi niega la modernidad al resistirse al pensamientoque se piensa a sí mismo mediante una reducción gramatical, sintáctica y lógica. No hay significado, pero sí pensamiento. No el pensamiento instrumental del patriarca que se presenta como camaradapara dictar una sentencia disfrazada de razón, sino un pensamiento rítmico que encuentra en lasrepeticiones la posibilidad de pasar de un lado a otro. No hay genio, pero sí respiración conjunta. Un ritmo, nos dicen Deleuze y Guattari en Del Ritornelo, siempre es crítico, mientras que la medidaes dogmática.Hay ritmo desde el momento en que hay paso transcodificado de un medio a otro,comunicación de medios, coordinación de espacios y tiempos heterogéneos. Lo vemos una y otra vez en las relaciones interespecies, la abeja que poliniza la flor, la garrapata que espera el cambio detemperatura para caer sobre la piel ajena, el cuerpo que se abraza a otro cuerpo, ahí hay pensamiento rítmico; transcodificación: medio que sirve de base a otro, que se establece en otro, se disipa y seconstituye en el otro, dispuesto a repetirse y, por lo tanto, a introducir la variación. Ciertos discursos aún ocultan el pensamiento rítmico –que nunca es individual, sinorespons-hábil, móvil y compostable– pero aquí, en estas pinturas, tiene lugar.

— Sandra Sánchez