Ensayo
Publicado el 23 jul 2022

El besito de mamá. Alonso Robles en Interior 2.1

Sobre esa fe desmedida y arrebatada de las mujeres de nuestras casas
Ensayo
por Alejandra Carrillo
Sobre esa fe desmedida y arrebatada de las mujeres de nuestras casas
Por eso han aprendido a cultivar flores
y a cantar bien sus penas,
y han inventado las mejores obras
y los mejores instrumentos.
Por eso entienden de arte
y saben encontrarlo donde lo haya,
aunque no lo haya
(que siempre lo hay).

Gata Cattana

En la clase obrera lo único que heredamos es el trabajo. Y no me refiero a una plaza, un puesto, un despacho o una oficina, sino a la idea del trabajo, lo contrario al nepotismo: la esperanza de un lugar mejor. Con suerte heredamos un oficio, una voluntad de hierro, la culpa y el miedo al hambre. Heredamos a nuestros hermanos y a nuestras tías, a nuestros abuelos. Nos enseñan que la familia es lo único que tienes y a veces es cierto. También heredamos un pedazo de fe, porque la fe y el trabajo de este lado están siempre entrelazados.

Aún si no existiera Dios, muchas veces mi madre me ha hecho sentir que es de verdad. No sé cómo funciona, pero juro que hubo días en los que sentí que su bendición antes de salir de casa me hizo volver. Esa fe, estoy segura, merece un monumento, un homenaje no a Dios ni a los mártires ni a las vírgenes, sino a nuestras jefitas, a las abuelas, al barrio mismo que pese a todo no nos ha visto morir todavía.

De esa fe desmedida y arrebatada de las mujeres de nuestras casas es de la que habla Alonso Robles (Ciudad Juárez, 1998) en las pinturas que conforman la muestra Se tiene fe mientras se llena un vaso en Interior 2.1, curada por Bruno Enciso. Yo creo que a él también la señal de la cruz le hizo sentir más tranquilo frente al miedo y la angustia.

Las pinturas de esta serie son retratos de varios artefactos de protección que nadie sabe si funcionan de verdad, pero se utilizan de todos modos porque uno nunca sabe: un perro miedoso que cuida la entrada, galones llenos para que los perros callejeros no se meen en la banqueta, bolsas de agua contra las moscas y vasos con huevos que se usaron en las limpias.

Se tiene fe mientras se llena un vaso, Alonso Robles, Interior 2.1. Foto: Omar Elizarrarás
Se tiene fe mientras se llena un vaso, Alonso Robles, Interior 2.1. Foto: Omar Elizarrarás

Dentro de esos objetos simples, que hablan también sobre el tránsito que hacemos todos los días del exterior al interior de la casa sin saber qué nos llevamos y qué traemos, hay algo aún más inmenso que es ese trabajo de cuidados en el que su madre y su abuela pusieron toda su fe para que nada le pasara.

Hay muchas maneras de proteger una casa cuando no te puedes mudar y vives en la ciudad que durante muchos años se disputó el título de la más peligrosa del mundo, pero para quienes venimos de barrios periféricos nombrados después del adjetivo peligroso, salir, a pesar de todo, nunca se sintió realmente como una ruleta rusa, aunque lo era. Ellas nos hicieron sentir protegidos. Pusieron ese algo extraño e innombrable que nos dejó salir todas las mañanas pensando que no nos tocaría. Un salto al vacío, un sentido de pertenencia, ingenuo si se quiere, pero acaso sobre todo, la necesidad del trabajo, la inercia de la maquinaria de nuestras vidas que no se detiene por nada. Hay que trabajar.

Se tiene fe mientras se llena un vaso, Alonso Robles, Interior 2.1. Foto: Bruno VIruete
Se tiene fe mientras se llena un vaso, Alonso Robles, Interior 2.1. Foto: Bruno VIruete

Salimos pensando que algo nos protegía: no un condominio privado, ni un fraccionamiento amurallado con seguridad en la entrada. No un apellido, ni un colegio prestigioso, amigos poderosos o familiares con palancas. Ni armas ni ventanas blindadas. Quizá un muro mal hecho con vidrios incrustados en el concreto, un barandal de hierro altísimo, cuando mucho un perro bravo. Nos protegen nuestras mamás creyendo genuinamente que merecemos un mundo otro.

Y para Alonso y sus hermanos funcionó, para mis hermanos y para mí funcionó. Seguimos vivos. Fuimos suficientemente afortunados, nos sentimos protegidos, pero no sabemos muy bien por qué. Mamamos esa fe que va más allá del credo. Una fe a prueba de todo porque no espera una recompensa divina después de la muerte a cambio de un sacrificio terrenal (renunciar a los pecados, ir a misa, abandonar el placer y lo mundano), es un aleatorio y absolutamente irracional sentido de la fe. En lo que ellas creen es tan poderoso que no necesita de una comprensión compartida y avalada por una institución. Dios/Ello/Su fe nos protegerá desde “allá arriba”, aunque no lo merezcamos. Un rezo callado en medio de la incertidumbre. Una fe de “ruega por nosotros” que a veces, sin explicación, repele las balas y las sobredosis.

Alonso Robles en Interior 2.1. Foto: Omar Elizarrarás
Alonso Robles en Interior 2.1. Foto: Omar Elizarrarás

Por eso, aunque no creamos, nos encomendamos a la virgen de Guadalupe, le hacemos mandas a la de Zapopan o nos persignamos sin que nadie nos vea antes de nuestras noches de gloria. Aún si no existiera Dios, muchas veces mi madre me ha hecho sentir que es verdad. Porque ese Dios al que no he visto y al que llegada la hora negaría tres veces si me preguntaran es mucho más grande que el dogma: es el besito de mamá.

La obra de Alonso en esta muestra es el retrato de la casa de uno, es una forma de honrar ese beso y mantenerlo presente. Lo vemos cerca no sólo de su vida, sino decididamente de su práctica artística y qué otra fe querríamos que la que nos hace seguir dedicándonos al arte, en contra de toda ley asignada a nuestra estirpe.

La exposición Se siente fe mientras se llena un vaso de Alonso Robles (Cd Juárez, 1998) se expone en Interior 2.1 hasta agosto. Para acudir hay que hacer cita en el Instagram @interior2.1.

Alejandra Carrillo

Publicado el 23 jul 2022