Reseña
Publicado el 28 dic 2021

Imaginarios potenciales de la neoprehistoria: Ernesto Solana

Reseña
por Nicolás Barraza

Hace un mes me recomendaron visitar la exposición Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II de Ernesto Solana, en el sitio arqueológico Guachimontones, Teuchitlán, Jalisco. Yo desconocía el lugar y me dirigí a él con la misma expectativa o actitud con la que uno iría al Museo de Antropología en la Ciudad de México o a cualquiera de las impresionantes y numerosas ruinas a lo largo del país.

El sitio se aprovecha para emular una configuración institucional, que se reafirma al exhibirse junto a artefactos prehispánicos originales y archivos arqueológicos de la familia Weigand. ¿Quién determina qué fue y qué es lo verdadero y a través de qué mecanismos?*1. De un lado te encuentras con unos collages de seres antropomorfos e intersexuales, de la autoría de Solana por supuesto, mientras que del otro tienes una didáctica instalación que pone a prueba tu memoria para reconstruir una vasija encontrada en el yacimiento de Guachimontones, una que se asemeja a las del Gran Museo del Mundo Maya en Mérida o a cualquier cosa que haya en el Universum de la UNAM.

Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por Agustín Arce
Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por Agustín Arce

Sin embargo, es en este punto de encuentro en donde el artista (re)imagina y (re)plantea un pasado aprehendido, quizá con la intención de concebir un futuro distinto u otorgarle un nuevo significado a lo que conocemos. Para mí, es aquí donde explora la interacción-tensión entre realidad y ficción. El proyecto pretende ser un ejercicio de (re)interpretación y (re)apropiación de vestigios relacionados con las comunidades que habitaron el Occidente mexicano, en específico de la tradición Teuchitlán, la cual veneraba a Ehécatl, dios del viento, en el centro ceremonial que se encuentra a un lado del instituto.

La exposición se compone de instalaciones escultóricas en diversos materiales como piedra volcánica, plumas, cuastecomates, textiles y obsidiana, por mencionar algunos.

Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por el artista
Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por el artista

También se presentan Estudios arqueológicos del Guachimontón (Phil Weigand) y Estudios de saqueo del occidente de México (Memorias extirpadas), dos vitrinas que muestran memorabilia, libros, fotografías, dibujos y acuarelas de la arqueóloga Adela Breton que datan de 1880, así como artefactos prehispánicos, plumas y cráneos de animales. En formato bidimensional, el artista presenta diversos collages fotográficos, así como una intervención artística dentro del sitio arqueológico. Algunos objetos y fotografías fueron prestados por el American Museum of Natural History de Nueva York, el Bristol Museum & Art Gallery, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Colegio de Michoacán.

Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por el artista
Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por el artista

El Instituto de la neoprehistoria moldea un paisaje (fragmentado) de lo que fuimos o pudimos ser. Me hizo pensar en la réplica y en el saqueo por otros países a lo largo de América Latina. Me dejó reflexionando no sólo sobre el carácter transitorio de la Historia –remitiéndome a la obra de Cynthia Gutiérrez, que (re)articula elementos históricos y pone en evidencia la imposibilidad de generar recuerdos precisos*2–, también en la forma en la que ha sido escrita, editada, difundida y representada en libros de texto, escuelas, películas, discursos políticos, etc. Me recordó al libro La visión de los vencidos, que apareció en 1959, cuatro siglos después de la llegada de los españoles a México, el cual ofreció por primera vez una versión distinta sobre la conquista, ya que se conforma por una serie de textos que narra la imagen que los indios de Tlatelolco, Texcoco, Tlaxcala, Chalco y Tenochtitlan tuvieron sobre la ocupación.

Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por Agustín Arce
Instituto de la neoprehistoria: Capítulo II, Ernesto Solana, Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”. Fotografía por Agustín Arce

La naturaleza pasajera del ser humano y de sus historias resulta tan maleable como la misma ficción, ¿de qué tenemos certeza absoluta? Yo creo que de nada. El mismo proyecto de Solana puede confirmarlo al proponer un futuro distinto y cargar de nuevos significados objetos e imágenes. El artista presenta una nueva realidad que sin duda me dejó pensando en nuestra capacidad de moldear y (re)escribir nuestro propio pasado, nuestros aciertos y errores, nuestro dolor e impotencia, nuestras relaciones pasadas y futuras. Está en nuestras manos construir el camino que decidimos seguir, apoyándonos en el pasado, pero sobre todo (re)apropiándonoslo. Concluyo con una cita del texto curatorial de Valeria Mata sobre la exposición, pero quizá sobre la Historia o la vida también: “La ficción no es la creación de un universo imaginario opuesto al real, es un cambio en los modos de presentar lo sensible, una alteración de las interpretaciones, una nueva propuesta de relaciones entre la apariencia y la realidad.”

Instituto de la Neoprehistoria: Capítulo II puede visitarse en el Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand” hasta marzo del 2022. La primera iteración del proyecto se presentó en la sede tapatía de guadalajara90210 este mismo año.

— Nicolás Barraza

*1: Texto curatorial de la exposición por Valeria Mata.

*2: Artist statement de Cynthia Gutiérrez.

Publicado el 28 dic 2021