Exposición

Aníbal Delgado

Cuentos Pigmentados del Decamerón
Exposición

22 sep – 14 dic

Galería de Arte Mexicano
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Calle Gobernador Rafael Rebollar 43
San Miguel Chapultepec II Sección
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hoy abierto 10:00 18:00
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La Galería de Arte Mexicano GAM presenta la exposición Cuentos Pigmentados del Decamerón, pintura reciente de Aníbal Delgado.

Suficiente sería decir cómo el gesto desde Aníbal Delgado produce la obra, y cómo es por el establecimiento de un encuadre que algo —sí, algo, cualquier cosa— deviene a expresión de filosofía, de economía y, eventualmente, de historia.

(Podría haber usado, en vez del término “encuadre”, al concepto de “señalamiento”, que cobija el pronunciamiento conceptual argumentativo, puesto que el gesto de señalar es muy importante en nuestro flujo vital, pero sobre todo porque se ha vuelto cuota obligada en el fenómeno de socialización, educación y promoción del acontecimiento estético. Sin embargo, no había aquí una forma más efectiva que “el encuadre”).

Al igual que el señalamiento, el encuadre remite a una acción, pero, a diferencia del señalar, el encuadrar retiene en primer plano su dimensión constructiva, el fondo de arbitrariedad contra el que se recoge materia-color sobre madera, y excluye toxicidades. (“I’m going to live the life I sing about in my songs”).

El encuadre es una delimitación física, es una separación del ruido, por frágil, o por resistente (My Bloody Valentine - “Glider”), que demarca un dentro y un fuera, que recorta una probable figura contra un fondo, que establece un campo de juego en el interior del cual todo será juzgado en función de los parámetros que el propio encuadre propone, y no necesariamente lo que alguna retórica orienta (Velvet Underground- “Black Angel’s Death Song”).

Los artistas trabajan —trabajamos— siempre con lo material y desde lo material —como no podría ser de otro modo. Lo material, si se quiere, puede ser extremadamente frágil, provisional, parecer casi insuficiente. El sonido es materia, la luz es materia, el color es materia, el gesto es materia. Pues bien: al trabajar, el artista toma en consideración y finalmente hace un número limitado de materia, no producto, cuyo resultado es un complejo de encuadres (Orff - “O Fortuna”). Consecuentemente, un encuadre siempre será un sistema finito de coacciones (Owen Pallett - “Oh Heartland, Up Yours!”). Lo que el artista tome en consideración y haga, y lo que no, dependerá del tipo de artista que es en el siglo veintiuno, queriendo que se le tome en serio,

y, por supuesto, el tipo de artista que es quedará definido por el encuadre, en enfoques, y quedará inserto a su vez en el recuadro.

Esta es precisamente la forma en que el lenguaje y la cultura opera, no obligadamente con publicidad para consumo funcional o propaganda corrupta (Fela Kuti - “Je’nwi Temi -Don’t Gag Me”). En segundo lugar, reflexionemos sobre la dimensión política que se abre en el encuadre: está en la naturaleza del encuadre el desaparecer, alejando así de la superficie de la obra cualquier rastro de sus condiciones de producción y generando una jerarquía de economía clara en la que prima la autoridad del binomio obra/artista (Steve Reich - “Clapping Music”).

Puesto que el encuadre determina en gran medida la forma relación que uno establece con la obra —y cuando digo uno, quiero decir el artista, pero también cualquier otra persona—, determina también en gran medida de qué se habla y de qué no se habla, y eventualmente, quién puede hablar y quién no. Esto es importante, entre otros motivos, porque la autoridad que establece el encuadre por lo general se fortalece con el tiempo —esto es un fenómeno común a todos los pronunciamientos culturales de emancipación—, y todavía más en el momento en que el artista —podríamos decir: la autoridad humana detrás del improrrogable, quizá perdurable, a lo mejor sublime, encuadre— desaparece.

Una vez que el artista desaparece, la obra continúa, ejerciendo esa autoridad por sus propios medios. (Entra In Time, Sly & The Family Stone).

Las decisiones que el artista toma o las omisiones que comete al considerar lo que es y no es la obra, tienden, como decía, a invisibilizarse, y solo reaparecen cuando se abre la posibilidad del encuentro, del diálogo fructífero, de la consideración desobediente de aquello que artista (¡viva Aníbal Delgado!) y obra proponen, o dejan sembrado.

— Guillermo Santamarina (Tradicional - “Children, Go Where I Send Thee”)